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Opinión
27 de mayo de 2010
Editor Responsable
Comunero Junta Comunal 5
Fueron cuatro jornadas de un baño de realidad, hasta llegar al tedioso día miércoles con el escamoteo mezquino de los medios hegemónicos. Ante el festejo histórico e inédito, intentaron no quedar muy descolocados pero igualmente mostraron la hilacha. Por ejemplo, el gran diario argentino hizo una tapa más o menos en sintonía con lo ocurrido, pero adentro se encargaron de tirar abajo todo.
La realidad es que ni el propio oficialismo y ni qué hablar de la oposición imaginó semejante marea humana y tanta buena onda en la celebración del Bicentenario. Una compañera decía que el pueblo se encontró a sí mismo. No hacía falta más que mirarse a la cara en esos días y es verdad: te reconocías en el otro.
Cuando se cantó el himno, a mí me tocó vivir algo nunca vivido. En un momento casi mágico, muchos estábamos tomados de la mano para entonar la canción patria. Lo mismo cuando íbamos para Plaza de Mayo por Diagonal Norte cantando la marcha de San Lorenzo: juro que no había ningún autoritario K apretando para que lo hagamos.
Claramente, el gran opositor argentino intentará despolitizar, lavar, licuar este gran acierto del gobierno nacional. Después del 28 de junio de 2009, el Ejecutivo llamó a la oposición a conformar una comisión para los festejos del Bicentenario. El vacío de aquel entonces tiene hoy la respuesta a la vista. Eso por no tener una mínima independencia de los poderes fácticos. No solo no vieron venir ese sentimiento que iba a salir y a expresarse: tampoco apostaron por él. El gran opositor les vendió que la gran crispación que azotaba a la sociedad la haría rechazar de lleno cualquier cosa que viniera de este oficialismo en decadencia. Lo único que había que hacer era sentarse y esperar. Grave error.
Es complejo mirar con claridad desde esta euforia popular el escenario de octubre de 2011. Aun falta una eternidad. Nadie en su sano juicio piensa que esta celebración asegura nada, pero sí puede ir marcando una tendencia, y sin duda derribando mitos. Como el del malhumor omnipresente. Lo leí ayer y es cierto: ni una denuncia de altercado, ni una vidriera rota. Tampoco nadie pudo registrar manifestaciones anti K ni espontáneas ni organizadas en medio de la muchedumbre. Y seguro que habría anti K entre tantísima gente.
Dependerá de la sabiduría de este gobierno el poder seguir acertando en las medidas que tome. Si el gran opositor argentino sigue marcándole la línea a los personajes que fingen de oposición política, los seguirá desdibujando. Se verá. Lo que es seguro es que nada ni nadie podrá robarnos la fiesta popular que vivimos en estos días de mayo de 2010 y que recordaremos durante mucho, mucho tiempo.
Les transcribo lo que publicamos ayer, jugando con lo (no) ocurrido y el descoloque de algunos. Saludos. Huinca
Aguad, desencantado con el Bicentenario: "No hubo ni un muerto"
..., "la percepción de estos días, compartida por la mayoría de nuestros compatriotas y también desde afuera, pareciera ser el desencanto como reflejo de nuestros interminables desencuentros”, dijo en su alocución de hoy en el Congreso.
En los pasillos se lo escuchó explicarse mejor:
"Los radicales, coherentes con nuestra trayectoria, no hubiéramos permitido que se juntara tanta gente sin mandar a reprimir. Una vez más, este Gobierno desaprovecha la coyuntura. ¡6 millones de personas, y ni un muerto producido por las fuerzas de seguridad! Lo normal, es que en el Bicentenario, hubiera 200 muertos. Pero este Gobierno, esta monarquía, haciendo gala una vez más de su autoritarismo, no lo permitió."
"Tendremos que esperar al Tricentenario", concluyó, desencantado.
Al parecer, para ser diputado y radical, no sólo se requiere ser natural argentino, mayor de edad y otros sino también descerebrado y nostálgico autoritario. ¡Una pinturita el Aguad!
ResponderEn la Nueve de Julio un pueblo aplaudía mientras en el Colón, como una vez dijo Lennon, el parasitaje hacía sonar las joyas.
La gente, esa misma que, según la Legrand, molesta dió una gran lección de patriotismo, civismo y decencia.
Cada vez más y más, el gran fabulador argentino (clarinete le dice en mi barrio) se expone a flagrantes y ridículas contradicción producto de su rabiosa, enceguecida y enloquecida oposición.
Daba risas y lástima ver al "cronista" del 13 como le describía a Biasatti lo que sus propios ojos veían pero que colisionaba con su mente y lengua obligados a "informar" al estilo del multimedios. Decía: ".....son miles y miles de personas...", pero las cámaras mostraban ya a esa hora millones. Una 9 de Julio desbordada, en términos de cantidad. Un periodista que se desencajaba por mostrar su sana y contagiosa alegría ante la realidad apabullante, pero que podía contrastar peligrosamente con los rostros de Biasatti y Santillan que para nada podían disimular la bronca y el odio que los desfiguraba.
Estoy contento porque por fin, a través de pequeños detalles como el que describí, hay signos claros de un resquebrajamiento in creccendo y generalizado de un de los tantos actores sociales que por décadas han dañado a nuestra patria. Daño traducido en muerte, pobreza, atraso, dependencia, entrega, quiebre de procesos sociales y democráticos, etc.
Por fin, hasta el más ignoto de mis compatriotas, podemos ver con extrema claridad de que lado estamos unos y otros. Renuevo mi alegría.